Ideas y Opiniones · Viajes, Cultura y Aprendizaje

La Espera

Ser foráneo no es fácil. Como migrantes, las personas ganan muchísimas experiencias y conocimientos sobre el mundo, sobre culturas y sociedades. Pero, también tienen que aguantar mucho odio. Odio que viene de los ciudadanos del país al que llegan, los cuales tienen miedo a lo diferente; y también odio de parte de la gente que se quedó en su país. A mí me dijeron “traidora” de mi país, de mi estado y de mi ciudad. Aparentemente que te guste y ames otros lugares en el mundo es visto como un tipo de pecado. Pero la verdad nunca me importo, y sigue sin importarme. Es mi vida y quiero vivirla de la forma en que mejor me parezca. Para mí, siempre fue a cerca de vivir en el lugar que amas y hacer lo mejor mientras creces y te conviertes en un miembro productivo de la sociedad. Porqué, no importa donde vivas, ya sea en tu ciudad de origen o te hayas mudado, todos tenemos la responsabilidad de cumplir con nuestras obligaciones sociales y ser ciudadanos decentes. Pero, al menos en mi caso no fue fácil, y yo no estaba consciente de que, para poder sentirme parte de la sociedad londinense, tendría que pasar por muchas dificultades.

Yo no puedo hablar por todos los migrantes, para nada; pero mi experiencia es esta y quiero compartirla. Este proceso, no fue solo un proceso burocrático, también fue emocional. Algunas personas pueden pensar diferente o sentirse diferente, pero la verdad es que, en mi caso, fue un proceso muy duro ya que por un tiempo me sentí un paso atrás que los demás.

El día que entregué mi tesis, después de celebrar y estar feliz por unos momentos, Ángelo y yo tuvimos una conversación. ¿Cuál es el siguiente paso? Para mí era obvio, yo no quería volver a México. Me gusta mucho Londres y quería la oportunidad de probarme en un lugar diferente. Pasé la mayor parte de mi vida en el mismo lugar y quería salir de mi zona de confort. Así que teníamos dos caminos: Uno era solicitar la visa de trabajo, lo cual parecía mucho más sencillo. Mientras tengas un patrocinador, puedes tener la visa y el derecho de trabajar en el Reino Unido. Pero también era arriesgado, ya que, si perdías un trabajo y el patrocinio de la empresa, tendrías un plazo de 30 días para abandonar el país y conseguir un nuevo empleo que pudiera pagar por la visa. La segunda opción era aplicar para la residencia.

Como mexicana que tiene visa americana, yo pensaba que tenía experiencia con autoridades estrictas y que revisaban todos y cada uno de los aspectos de tu vida, estaba muy equivocada. Las preguntas de la “Home Office” o traducido como el ministerio del interior, eran muy personales. Algunas te hacían sentir como si fueras un vividor que trataba de estafar al gobierno británico, como si mi mayor anhelo fuera obtener beneficios y vivir del estado, lo cual está muy lejos de la realidad. Tuve que explicar porqué quería vivir en el Reino Unido y porqué no simplemente volvía a México. ¿Cómo explicas algo así? Sé que, para mucha gente tiene sentido; solo vuelve a tu país, ahí no necesitas visa, hablas el idioma a nivel nativo, y seguramente te sientes más conectado con los valores y la cultura en general. No podía responder: “porqué amo Londres”. Eso no tendría sentido, el amor no tiene espacio en los procesos burocráticos. Fue completar una aplicación extremadamente larga, casi 90 páginas de información personal. Necesitaban todos y cada uno de los estados de cuenta de los últimos 5 años, una descripción detallada de cada uno de los viajes que realicé en mi vida. ¿Por qué viajaste a ese lugar? ¿Con quién? ¿Por cuánto tiempo? ¿Cuáles eran las intenciones de ir a ese país? Me llegué a sentir acusada, ¿de qué? De querer desafiar el estatus Quo, de querer vivir en otro lugar. Me hicieron sentir culpable de querer cumplir mis metas. Como si de alguna forma, no era correcto el soñar con algo mejor.

Y solo para aclarar, yo entiendo el punto de estos procesos. Lamentablemente, si existe gente que quieren abusar de los países, que quieren obtener una vida fácil viviendo del estado o peor, que quieren hacer sufrir a las personas y difundir miedo y caos en el mundo. Estoy consciente de esto y estoy completamente de acuerdo en que deben tomarse medidas. No intento criticar estos métodos. Lo que intento explicar es como tener que pasar por ello, me hizo sentir de cierta manera. Porqué por mucho que entienda las circunstancias, estos procesos que son tan duros y estrictos, pueden ser mentalmente exhaustivos para las personas que no tienen malas intenciones.

Después de todo eso, y lo crean o no, la parte más difícil estaba por venir, la espera. La aplicación decía que la respuesta tardaría dos meses. Tuve que darles todas mis identificaciones, incluyendo pasaporte. Pensé que dos meses serían fáciles de manejar, pero entonces comenzaron los contratiempos. Necesitaban más información, esta vez no era sobre mí, necesitaban información sobre Ángelo. No tenía sentido, pero de todos modos les entregamos todo lo que pidieron. Después de dos meses sin ninguna respuesta, tuve que llamarles. La persona que me atendió me dijo que tomaría más tiempo del esperado ya que, cientos de miles de aplicaciones estaban siendo recibidas, principalmente por el miedo al “Brexit” y tenían mucho trabajo.

Durante casi ocho meses, mis únicas responsabilidades eran relacionadas con los servicios y pagos de la casa y algunos asuntos en los que ayudaba a Ángelo. Me sentía diferente a los demás, de alguna manera yo estaba un paso atrás. Intenté aplicar para varios trabajos, pero por mi situación legal de “esperando respuesta” no pasaban de entrevistas. No podía trabajar y comenzaba a sentirme algo frustrada, tenía la impresión de que, todo el trabajo que puse en obtener mi licenciatura y mi maestría, que graduarme con honores y méritos eran tirados por la borda solo por una situación legal. Tampoco podía viajar a ninguna parte fuera del Reino Unido, ya que no tenía ninguna identificación, como si fuera un fantasma. Lo más desesperante y molesto fue, que, para mí, la situación estaba fuera de mi control. No podía solucionarlo yo misma, y no importaba cuanto esfuerzo hubiera puesto, no era decisión mía. El solo pensar que mi futuro sería decidido por un consejo de personas a las que no les importaba cuanto sacrifique para llegar aquí, todas las noches que pase sin dormir para terminar proyectos, las veces que no salí con mis amigos para poder juntar dinero para mis viajes en avión, para pagar otros gastos. ¿Se preguntarían cuanto sacrificio y dedicación había puesto para llegar aquí? Seguramente solo revisarían que no faltara un solo papel, una sola pregunta; si no me enviarían de regreso con un corazón roto.

Cuando finalmente obtuve mi residencia estaba muy emocionada. Fue el 16 de junio del 2017. Estaba por las nubes. Lloré de felicidad, de alivio, por fin tenía tranquilidad. Mis piernas se sentían débiles, mi ritmo cardiaco se aceleró, mis manos estaban temblando mientras abría aquel sobre. Sabía que era la respuesta y se sintió como una eternidad. Mientras desdoblaba la carta, comencé a leer las primeras líneas, y aunque estas eran palabras muy educadas, ellos siempre comienzan sus cartas de ese modo, aún y cuando están a punto de decirte que empaques tus cosas y te prepares para abandonar el país en 30 días. Pero no fue el caso, las palabras “su aplicación fue aprobada” estaban en el segundo párrafo y al reservo de la carta, estaba adjunta mi nueva credencial de residente. Sin temor a equivocarme, este fue uno de los momentos más felices de mi vida.

Ahora me siento segura, me siento visible. Antes, me veía como un alma errante, caminado entre las calles de Londres, sin derechos, sin identidad, sin ser reconocida. Pero ese día supe que pronto obtendré un trabajo, que estaré exactamente al mismo nivel de los otros aplicantes, y lista para competir por un puesto.

Mi vida toma el rumbo correcto, en la dirección a la que quiero ir. Estoy lista para enfrentar nuevos retos, desilusiones, enojos, tristezas y tal vez frustración, pero también éxito y reconocimiento al comenzar una carrera profesional en Londres. Estoy consciente de esto y sé que es solo el comienzo, pero ahora me siento preparada para vencer todos los obstáculosy tener éxito.

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